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Autor: Pablo Arribas

10 libros de desarrollo personal (que te aportarán algo especial)

Toda persona es una persona diferente después de 100 libros.
Raimón Samsó.

Ha llegado el momento de crecer como nunca antes. Prepara tu sofá, enciende una vela y elige tu menú.

Si has llegado a esta web no me cabe duda de que eres una persona que no se conforma, que hace de crecer un pilar fundamental y que busca la plenitud. Si es así, este post es para ti.

En esta ocasión no voy a traerte una reflexión mía, voy a traerte algo mucho mejor: una ventana a las reflexiones de unos autores mucho mejores que yo y que, a lo largo de estos años, me han cambiado la vida. Ojalá supiera con estas recomendaciones transmitirte la pasión y huella que cada uno de estos libros ha dejado en mí. – Sigue leyendo –

Hacer lo que hay que hacer

Lo que tiene de interesante convertirse en adulto no es poder beber cerveza, dejar de pedir permiso a tus padres para salir de casa o circular por las calles con tu nuevo vehículo. Lo verdaderamente interesante es ser capaces de transformarnos en los dueños de nuestras vidas, en los responsables de nuestras acciones.

De alguna forma, ser adulto no es otra cosa que escuchar el despertador, ignorar el deseo de seguir durmiendo y ponerse en pie de un salto para empezar a hacer las cosas que hay que hacer. Sin excusas. ¿Y cuáles son las cosas que hay que hacer? Las que te hacen feliz, las que crean amor y las que mejoran el mundo. – Sigue leyendo –

Síes, noes y quizás (una teoría sobre el amor)

Las veces que creíste haber encontrado por fin a LA persona y más pronto que tarde se descubrió que no era así. Aquellas en las que sabías que no, que ni te convenía, ni encajaba con lo que esperas de la vida y, aun así, seguiste adelante hasta estamparte contra el muro. (Otra vez). Esas en las que no diste la oportunidad porque algo de tu catálogo no estaba o, al revés, aquellas en las que, a pesar de las ausencias, decidiste confiar en aquello que aprendimos juntos: «Las grandes parejas no se encuentran, se construyen».

Todas esas veces, tienen un nombre. Tres, para ser exactos. – Sigue leyendo –

A la vez que sonríes

Existe una creencia muy habitual en el ser humano que, lejos de hacernos más grandes, termina por empequeñecernos. Y es la idea de que nuestro poder abarca todos los rincones del universo.

A simple vista podría no parecer así —«¿Creerme el centro yo? ¡Para nada!»—, pero a la hora de la verdad lo cierto es que no dejamos de culparnos por mil y una cosas que poco o nada tienen que ver con quiénes somos: aquel proyecto que no funcionó, esas décimas que no alcanzamos o aquella persona que nos dijo «¿Sabes?, creo que no eres lo que buscaba».

Y es precisamente en este espacio de dolor —justo antes de que la herida se haga cicatriz—, donde una oportunidad se desnuda para tendernos la mano.

La oportunidad de, por una vez por todas, dejar de a ser ombligo, dar un paso fuera del centro y empezar a aceptar que en la vida existen muchas más variables que juegan en contra de nuestros deseos y el esfuerzo que regalamos. Que podemos entregarnos con todo, sí, pero que siempre quedará una parte ajena a nuestra capacidad, por grande que esta sea.

Un amigo me lo dijo: «Si diste todo cuanto tenías y no salió, llora. Pero hazlo a la vez que sonríes».

Y es que no es fácil asumir que el mundo es frecuentemente injusto—que donde merecimos pares salió nones—, pero siempre es mucho más valiente que dejar de intentarlo, seguir castigándonos y negarnos a la evidencia de que, al final, lo único que importa es aquello que hacemos con el trocito de mundo que todavía podemos transformar.

No me ligues, conquístame

Ahora que gusta mucho decir eso de «todos somos iguales», «todos somos especiales» o «nada es mejor que nada», yo digo «NO». Hay personas y personas. Y hay personas y PERSONAS porque hay elecciones y ELECCIONES. Corazones y CORAZONES.

Y quizá no suene políticamente correcto o haya quien lo tome por donde no es, pero el caso es que siempre he creído que en la vida hay un listón, y que están los que pasan por debajo como en el limbo y los que pasan por encima haciendo un salto de altura. Los que ante un desafío dan un paso atrás y los que aprietan los dientes para darlo al frente. Los que se cruzan para caer rápido en el olvido y los que, aunque fuera por un breve instante, se quedan para siempre en tu memoria.

Y sí. Todo esto se elige. Ser valiente, hacer de lo rutinario arte, dejar huella en el mundo… Nada de eso viene de la cuna.

Y ocurre en cada parcela de la vida. En lo grande y en lo pequeño. En los sueños, las amistades, la familia… y, por supuesto, en el amor, donde —como en todo— hay primeras y segundas divisiones. Las hay a la hora de cuidar, de arriesgar, de ser fiel, de priorizar… pero también a la hora de empezar, en el encuentro.

Y es aquí donde nace la pregunta. Cuando conoces a alguien por quien sientes atracción, ¿en qué división juegas? O, dicho de otra manera: ¿ligas o conquistas? – Sigue leyendo –

Héroes: Encuentra a tu tribu

«Déjame decirte algo. Lo estás haciendo bien si de luchar por tus sueños se trata. Porque no es el acierto lo que te convierte en una persona de valor, sino el coraje de atreverte a dejar un trocito de felicidad a cambio de ser dueño de tu propio destino.

Ahí es donde aparecen los verdaderos héroes. Aquellos que de una piedra empezaron un castillo. Aquellos que de un momento entregado construyeron su propia historia. Aquellos que por este apasionante camino ayudaron a otros héroes a soñar».


Vídeo para We are Seekers,  uno de los proyectos más revolucionarios de España de jóvenes emprendedores.

Texto: Pablo Arribas
Voz: Nekane González

El día que acerté con la persona

—¡El amor es un asco! —suspiró al borde de las lágrimas.
—¿Un asco? No estoy de acuerdo. Yo creo que es lo más maravilloso que existe —respondió su amiga mientras la abrazaba.
—Eso es porque a ti te va bien, pero mírame a mí. ¡Siempre igual! Que si no está seguro, que si hace poco que lo dejó con su ex y necesita más tiempo, que si prefiere más libertad… ¿Es que nadie va a ver en mí su primera opción?
—¿Acaso lo eres para ti?

Un silencio se hizo entre las dos amigas.

—Verás, hace años que nos conocemos y siempre te he visto enamorarte de las personas equivocadas. Reconozco que eres muy valiente por abrir tu corazón una y otra vez, pero…
—¿Pero qué?
—No lo sé, me duele verte sufrir. Quizá sea el momento de hacer las cosas diferentes. De empezar a abrazarte como yo lo estoy haciendo ahora. ¡De quererte sin medida!
—¿Quererme? ¡Yo ya me quiero!
—Sí, sí… Pero esta vez de otra forma. Hablo de la sensación de saber verdaderamente cuánto vales, ¡quién eres realmente! Al profundo sentimiento de que no mereces de la vida menos de lo que deseas. A saber sin ápice de duda que si alguien no te incluye en sus planes, ese alguien no es para ti. – Sigue leyendo –

La gente que se esfuerza

Una sonrisa se escapa cuando veo a alguien triunfar.
Confieso que no me ocurre siempre, y que, si bien hay triunfos capaces de emocionarme hasta rozar el llanto, también hay otros que no logran despertar en mí la más mínima de mis inquietudes.

Dicen que todo depende del amor que sientas hacia esa persona o de la calma que respira tu interior cada vez que sales victorioso de tus propias batallas, pero yo creo que es algo más que eso.

Que no es la llegada lo que nos alegra, sino la manera en que alguien —sea querido o no— lo consigue. Que hay quien de un cable o un golpe de suerte tocó su cima, sí, pero también quien de su poco a poco, su paciencia o un ya debilitado «todavía puedo dar algo más» supo hacer frente a sus escalones.

Me pregunto si no son estos nuestros verdaderos héroes. Aquellos que de una piedra empezaron un castillo. Aquellos que de un momento entregado construyeron su propia historia.

En fin,
creo que a estas alturas no puedo negarlo:
cómo me gusta cuando a la gente que se esfuerza le van las cosas bien. 

Hoy voy a ser quien me gustaría ser

Lo sé. En ocasiones he sido un completo desastre: no me he amado lo suficiente, he desatendido a los míos y, lo que siento con más tristeza en mi interior, he dejado de ser yo mismo para cubrir mi nombre con la mirada de otros.

Sí, lo sé. Tengo motivos para ser duro conmigo, para reprocharme y sentir arrepentimiento por el tiempo que se ha ido. Porque se ha ido.

Pero no. Hoy algo ha cambiado. Lo noto. Lo noto fuerte. Hoy voy a perdonarme y abrazarme con la fuerza de un tornado. Voy a coger la vida y a responderle a contracorriente, como lo hace todo aquello que —más antes que después— sobrevive para acabar triunfando. Aunque al principio duela.

Son las 6,30 de la mañana. Como lo lees. El despertador acaba de sonar y ya me lanza la primera pregunta del día: «¿Posponer o apagar?» «¿Apagar o posponer?» Un salto es mi respuesta. ¡Aquí no hay nada que posponer! Una vez elegí esta opción como estilo de vida y casi muero. Lo juro. No hagas eso nunca. – Sigue leyendo –

La técnica del Black Jack: el secreto del amor

(Extraído de mi último libro,
‘Cabeza, corazón y tripa’)

Mucha gente se sorprende cuando le digo que para disfrutar del amor en pareja no hace falta encontrar a una persona que roce la perfección o que sea bastante sobresaliente, sino a una persona «suficiente». Lo primero que suelen decirme es: «¡Sí, hombre! Si hay un espacio en el que no pienso conformarme es en el de la elección de mi compañero de vida». En el fondo, esta respuesta tiene bastante sentido, especialmente si asociamos el concepto de suficiencia a lo que aprendimos en el colegio, donde obtener una calificación de suficiente era equivalente a un cinco pelao, poco menos que una nota «mediocre». Pero si atendemos bien al significado real de esta palabra («bastante para lo que se necesita, apto, idóneo»), descubriremos que «suficiente» es exactamente el término que necesitamos.

Para explicarlo mejor, suelo proponer el siguiente ejercicio de visualización: – Sigue leyendo –

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