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A solas en la Gran Muralla

¿Y si nos atreviéramos a soltar nuestros miedos y salir a por lo que realmente queremos?

Primer episodio del proyecto ‘Vive de forma que te duela marcharte’, una manera de aprender a vivir desde la valentía, la pasión y la sencillez.

Tras dejar mi ciudad, Madrid, me cargo una pequeña mochila a la espalda y comienzo a recorrer el mundo. Billete solo ida.

Mi primera parada es China. ¿El objetivo? Llegar a la Gran Muralla y recorrer algunos de sus rincones menos visitados. Hasta llegar allí, no son pocas las aventuras que me suceden desde la llegada al aeropuerto de Shanghai. Ya se sabe: los grandes tesoros no se encuentran fácilmente.

Puedes seguir el viaje completo en Instagram (click aquí)

Eres lo que amas

Dedicarse a servir cervezas o llevar pizzas no te quita dignidad. Tus abuelos lo llamaban de otra forma: oportunidad.
Bill Gates

Todos admiramos esas historias en las que una persona es capaz de romper con todas las fuerzas que le empujan a ser uno más y empieza su propio camino. Nos gusta ver cómo se lanza a la aventura, cómo da la vuelta al mundo con su pequeña cámara de fotos y cómo, tras años de trabajar en una vieja cafetería o estudiar a la luz de una vela, es capaz de ver realizada su ilusión. En libros y películas, nos encanta topar con personajes sumergidos en hazañas y proezas, pero después, en la vida real, renunciamos con facilidad a convertirnos en nuestros propios héroes. ¿Por qué dejar que las gestas siempre pertenezcan a los demás?  – Sigue leyendo –

El mundo es de quien se la juega

No nos engañemos, el mundo no es ni de los más ricos, ni de los más guapos, ni de los más inteligentes. El mundo es de aquel que pasa a la acción, del que la saca a bailar y del que hace la llamada. De aquel que no se encoge ante el primer “no”, de quien se niega a vivir de prestado lo que por derecho le pertenece y de quien se ama lo suficiente como para poner sus sueños por encima de su ego. Digámoslo de una vez: El mundo es de quien se la juega.

“Al igual que tú” – que escribíamos un día –, he visto a personas de talentos envidiables dejar tras su muerte fallecer sus ilusiones. Personas que teniendo mucho han conseguido poco y personas que con poco han logrado muncho. He visto a personas de extraordinaria belleza esperar a ser elegidas en lo alto de su torre y a personas de – digamos – dudoso atractivo dejar a un lado la carcasa y asaltar un corazón. Por todo ello, he llegado a una conclusión: el mundo no es de quien más tiene o más anhela, sino de aquel que es capaz de quererse sin medida, apartar de un golpe lo superfluo y lanzarse sin reserva tras aquello que desea. – Sigue leyendo –

Si no sabes lo que quieres, no vengas a por mí

Si no te quieren como tú quieres que te quieran,
¿qué importa que te quieran?
Aristófanes

Tres cosas (y no dos) deberían enseñarnos de pequeños: no te lleves a la boca lo que encontraste en el suelo, mira a los lados antes de cruzar y, la más importante, jamás juegues con el corazón de las personas.

No sé bien cuál es la razón de nuestro desajuste, ni cuándo empezó este lío, pero lo cierto es que, por uno u otro motivo, siempre acabamos besando lo que está caído, lanzándonos a la vía para ser arrollados y tratando a los corazones como pelotas de colegio.

Alguien debería decirle a Facebook que el término «es complicado» es solo la excusa que se ponen dos personas cuando una de ellas no tiene el valor de decir a las claras «Voy con todo y a por ti». Que complicado puede ser —qué sé yo— ascender el Everest en patinete o conquistar la Atlántida a lomos de un unicornio, pero no saber si en una relación de dos vas o no vas.

Seré sincero. No creo mucho en las etiquetas del estilo «somos novios». A fin de cuentas, «novios» es solo una palabra que en los tiempos que corren puede decir mucho o puede no decir nada. Sin embargo, sí creo en otra forma de división, y es aquella que separa a las parejas en dos tipos: las que se juntan diciendo «a ver qué sale» y las que se juntan diciendo «deseo que salga»; las que se suben al barco con un pie en la orilla y las que lo hacen arrojando por la borda su retrovisor.

Implicación es la palabra. – Sigue leyendo –

10 libros de desarrollo personal (que te aportarán algo especial)

Toda persona es una persona diferente después de 100 libros.
Raimón Samsó.

Ha llegado el momento de crecer como nunca antes. Prepara tu sofá, enciende una vela y elige tu menú.

Si has llegado a esta web no me cabe duda de que eres una persona que no se conforma, que hace de crecer un pilar fundamental y que busca la plenitud. Si es así, este post es para ti.

En esta ocasión no voy a traerte una reflexión mía, voy a traerte algo mucho mejor: una ventana a las reflexiones de unos autores mucho mejores que yo y que, a lo largo de estos años, me han cambiado la vida. Ojalá supiera con estas recomendaciones transmitirte la pasión y huella que cada uno de estos libros ha dejado en mí. – Sigue leyendo –

Hacer lo que hay que hacer

Lo que tiene de interesante convertirse en adulto no es poder beber cerveza, dejar de pedir permiso a tus padres para salir de casa o circular por las calles con tu nuevo vehículo. Lo verdaderamente interesante es ser capaces de transformarnos en los dueños de nuestras vidas, en los responsables de nuestras acciones.

De alguna forma, ser adulto no es otra cosa que escuchar el despertador, ignorar el deseo de seguir durmiendo y ponerse en pie de un salto para empezar a hacer las cosas que hay que hacer. Sin excusas. ¿Y cuáles son las cosas que hay que hacer? Las que te hacen feliz, las que crean amor y las que mejoran el mundo. – Sigue leyendo –

Síes, noes y quizás (una teoría sobre el amor)

Las veces que creíste haber encontrado por fin a LA persona y más pronto que tarde se descubrió que no era así. Aquellas en las que sabías que no, que ni te convenía, ni encajaba con lo que esperas de la vida y, aun así, seguiste adelante hasta estamparte contra el muro. (Otra vez). Esas en las que no diste la oportunidad porque algo de tu catálogo no estaba o, al revés, aquellas en las que, a pesar de las ausencias, decidiste confiar en aquello que aprendimos juntos: «Las grandes parejas no se encuentran, se construyen».

Todas esas veces, tienen un nombre. Tres, para ser exactos. – Sigue leyendo –

A la vez que sonríes

Existe una creencia muy habitual en el ser humano que, lejos de hacernos más grandes, termina por empequeñecernos. Y es la idea de que nuestro poder abarca todos los rincones del universo.

A simple vista podría no parecer así —«¿Creerme el centro yo? ¡Para nada!»—, pero a la hora de la verdad lo cierto es que no dejamos de culparnos por mil y una cosas que poco o nada tienen que ver con quiénes somos: aquel proyecto que no funcionó, esas décimas que no alcanzamos o aquella persona que nos dijo «¿Sabes?, creo que no eres lo que buscaba».

Y es precisamente en este espacio de dolor —justo antes de que la herida se haga cicatriz—, donde una oportunidad se desnuda para tendernos la mano.

La oportunidad de, por una vez por todas, dejar de a ser ombligo, dar un paso fuera del centro y empezar a aceptar que en la vida existen muchas más variables que juegan en contra de nuestros deseos y el esfuerzo que regalamos. Que podemos entregarnos con todo, sí, pero que siempre quedará una parte ajena a nuestra capacidad, por grande que esta sea.

Un amigo me lo dijo: «Si diste todo cuanto tenías y no salió, llora. Pero hazlo a la vez que sonríes».

Y es que no es fácil asumir que el mundo es frecuentemente injusto—que donde merecimos pares salió nones—, pero siempre es mucho más valiente que dejar de intentarlo, seguir castigándonos y negarnos a la evidencia de que, al final, lo único que importa es aquello que hacemos con el trocito de mundo que todavía podemos transformar.

No me ligues, conquístame

Ahora que gusta mucho decir eso de «todos somos iguales», «todos somos especiales» o «nada es mejor que nada», yo digo «NO». Hay personas y personas. Y hay personas y PERSONAS porque hay elecciones y ELECCIONES. Corazones y CORAZONES.

Y quizá no suene políticamente correcto o haya quien lo tome por donde no es, pero el caso es que siempre he creído que en la vida hay un listón, y que están los que pasan por debajo como en el limbo y los que pasan por encima haciendo un salto de altura. Los que ante un desafío dan un paso atrás y los que aprietan los dientes para darlo al frente. Los que se cruzan para caer rápido en el olvido y los que, aunque fuera por un breve instante, se quedan para siempre en tu memoria.

Y sí. Todo esto se elige. Ser valiente, hacer de lo rutinario arte, dejar huella en el mundo… Nada de eso viene de la cuna.

Y ocurre en cada parcela de la vida. En lo grande y en lo pequeño. En los sueños, las amistades, la familia… y, por supuesto, en el amor, donde —como en todo— hay primeras y segundas divisiones. Las hay a la hora de cuidar, de arriesgar, de ser fiel, de priorizar… pero también a la hora de empezar, en el encuentro.

Y es aquí donde nace la pregunta. Cuando conoces a alguien por quien sientes atracción, ¿en qué división juegas? O, dicho de otra manera: ¿ligas o conquistas? – Sigue leyendo –

Héroes: Encuentra a tu tribu

«Déjame decirte algo. Lo estás haciendo bien si de luchar por tus sueños se trata. Porque no es el acierto lo que te convierte en una persona de valor, sino el coraje de atreverte a dejar un trocito de felicidad a cambio de ser dueño de tu propio destino.

Ahí es donde aparecen los verdaderos héroes. Aquellos que de una piedra empezaron un castillo. Aquellos que de un momento entregado construyeron su propia historia. Aquellos que por este apasionante camino ayudaron a otros héroes a soñar».


Vídeo para We are Seekers,  uno de los proyectos más revolucionarios de España de jóvenes emprendedores.

Texto: Pablo Arribas
Voz: Nekane González

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