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Reflexiones en la etiqueta: Valentía

Disfruta del vértigo

En la sociedad del vértigo, en vez de enseñarnos a disfrutar del camino, nos educan en las prisas por llegar. Alguien debería recordarnos que caer en picado ocurre, que lo contrario de fracasar es no haberlo intentado y que el destino no es a donde vas, sino a donde llegas. Intentarlo es fácil, eso podemos hacerlo todos; conseguirlo ya no lo es tanto. Por el camino se quedaron los que pensaron que vértigo es sinónimo de miedo.

Hay que sentir vértigo, del bueno, del que seduce, porque sentir vértigo no es asomarse a la incertidumbre y temer la caída: es experimentar atracción por la profundidad que se abre ante nosotros; es ser conscientes de que caer es posible. Porque el vértigo no es mirar hacia abajo y plantearte el fracaso, es levantar la cabeza y preguntarte cómo narices vas a subir tan alto, pero sabiendo que al llegar habrá valido la pena. – Sigue leyendo –

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Vive de forma que te duela marcharte

 El hombre vive, el animal existe/
El hombre muere, el animal termina.
VV.AA/Enrique Rojas

Cuando se calcula la esperanza de vida no se tienen en cuenta los momentos que vivimos a medio gas. De ser así, sería mucho más corta. Es la diferencia entre existir o vivir, entre hacer de la vida un viaje llevadero o hacer de la vida un viaje espectacular.

Ante cada decisión, tenemos dos formas de plantarnos en el presente: como rácanos o ratillas que juegan a no perder su botín o como aventureros que buscan un tesoro en cada isla; con defensa de cinco o con tres delanteros y ataque por las bandas. – Sigue leyendo –

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No seas tu plan B

Cuando alguien no se acaba dedicando a aquello que ama no se llama realismo, falta de recursos o imposibilidad: se llama conformismo.

Casi siempre la misma historia: niño con hambre de mundo y ambiciones se convierte en joven con sueño; joven motivado orienta sus primeros estudios a su sueño; joven menos joven termina estudios y envía CVs a empresas que colmarían sus aspiraciones; empresas en crisis o con muchas peticiones para un mismo puesto dicen no; joven desmotivado busca trabajo en lo que sea hasta que lo encuentra; joven empieza a ganar dinero y a comprarse cosas; joven olvida sueño. – Sigue leyendo –

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Sal con un valiente

No existe hombre tan cobarde como para que
el amor no pueda hacerlo valiente y transformarlo en héroe.
Platón

El mensaje es claro: sal con un valiente[1]. Esto no quiere decir que intentes, a ser posible, salir con un valiente, no. Quiere decir que salgas con un valiente. Con un valiente o nada.

Nadie debería enamorarse de alguien que, tras el tiempo suficiente, no sea capaz de decirte: “Mi apuesta eres tú”. All in. Todo el mundo merece escuchar, al menos, un “¿Sabes qué? Me la juego contigo”. – Sigue leyendo –

Pase lo que pase

Pase lo que pase, antes de saltar, no mires abajo, ¿entendido?

Pase lo que pase.

En esa frase pasan muchas cosas. Pasa que las cosas pueden pasar. Pasa que se necesita un asterisco con tipografía 8 al final de página, que contemple las cláusulas de quien la dice. La famosa frase se ha convertido en nuestra navaja multiusos; la cuestión es que hay veces que se oxida. De no usarla o de usarla demasiado. Y en lugar de una cama de algodón que amortiza, se convierte en una señal luminosa con forma de exclamación que alerta. Por eso ahora, cada vez que escucho “pase lo que pase”, siento ganas de darle al enlace de “leer más”. Ya decidiré entonces si me fío o no. Cuando sepa si incluye “todo” o “casi todo”. O “casi nada”.

Y si te atreves a creerlo a la primera de cambio, te arriesgas. Como quien se arriesga a meterse en una piscina si no sabe nadar. Como quien da todo por los demás confiando en que le devolverán lo mismo. Como quien salta en paracaídas. Como quien se gasta sus ahorros en comprarse lo que quiere en lugar de lo que necesita. Si te atreves a creerte la frase te arriesgas. – Sigue leyendo –

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Veintitodos

La decena de los 20 está llena de energía, de locuras, de experiencias, de besos, de alcohol y de orgullo. Pero también de miedos, incertidumbre, inseguridad y decepción. Seguramente sea la década en que ocurren más cosas y en la que conocemos al milímetro cada traviesa (¡qué nombre tan afortunado!) de la vía de una montaña rusa que no te devuelve al mismo sitio.

Estas son 29 de las lecciones que he aprendido hasta hoy, que cumplo 29:

(1) He aprendido que la única forma de disfrutar de las cosas es estar dispuesto a perderlas, que las armaduras te quitan golpes pero también caricias, que vivir con los brazos abiertos deja el camino igual de despejado al que te quiere partir la cara que al que te quiere dar un abrazo, y que no se puede optar a lo uno sin lo otro.

(2) He descubierto que hacen falta varios “no lo volveré a hacer” para no volverlo a hacer, (3) que la diferencia entre el número de errores y el número de disculpas se llama orgullo, (4) que las relaciones que más duran son aquellas en las que prefieres estar juntos a tener la razón (5) y que nunca es tarde para pedir perdón ni para dar las gracias a quien te cambió la vida. – Sigue leyendo –

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La vida como aventura

(Inconmensurable discurso de Antonio Banderas para recoger el premio Goya de honor. Éxito, esfuerzo, motivación, gratitud, pasión y humildad en cada frase. Inmejorable).

“Todo lo que tengo se lo debo a mi profesión, a la que preferiría denominar vocación. Pero, mucho más importante que esto, no es tanto lo que tengo sino lo que soy.

La vida como una aventura, o quizás como un juego. Siempre me ha gustado la palabra jugar, incluso para definir mi tarea como actor, director o productor. Esto debe servir para revelar la verdadera naturaleza de quien ahora les habla. Decía mi paisano más ilustre, Don Pablo Picasso, que “venía de lejos, pero era niño”. Pues eso, niño. Un chavea de Málaga.

Si desde esa butaca pudiese observar a ese otro yo llamado Antonio Banderas, premio en mano, habría que reconocer que el que está aquí subido no solo me pertenece a mí, sino a mucha gente: a todos esos que le fueron añadiendo trozos de vida, piezas de un puzle de distintos colores y formas; a todos esos ojos que me marcaron un camino, todas esas bocas que hablaron palabras sabias, esas almas que me acompañaron hasta donde hoy estoy, hasta este mismo escenario. Todos ellos soy yo y, de alguna manera, yo también soy ellos. Si miro hacia atrás, me veo viejo, pero si echo la vista hacia adelante, me siento muy joven. – Sigue leyendo –

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Tengo cosquillas si conoces dónde

Lo reconozco: soy un ser humano.

Como, duermo, ando y hasta voy al baño cuando lo necesito. Hago feliz a quien está a mi lado, pero también -y la mayoría de veces sin quererlo- puedo hacer daño.

Sí, soy un ser humano. Río, lloro, me estremezco, me enrabieto y siento celos. Tengo cosquillas si conoces dónde, sonrío por pequeñas cosas y pongo sonrisas que ocultan lágrimas.

Sí, soy un ser humano. A veces actúo por impulsos y yerro. Por sobrevivir me camuflo en máscaras que no me pertenecen y caigo cuando más quiero subir. Sí, soy un ser humano.

Fallo, pero nunca cuando te miro a los ojos y te digo que te quiero. Y sigo fallando, pero nunca fallo cuando me equivoco, ni acierto si no estás.

Fallo, ¡claro que fallo! Pero abrázame y hagamos que lo que ahora divide sea un sumatorio de dos que en uno se suman a la oportunidad. – Sigue leyendo –

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No tengas nada, experiméntalo todo

– No sabía que el señor Kane coleccionara diamantes.
– No, colecciona a una persona que colecciona diamantes.
Ciudadano Kane.

De todos los miedos que existen, el más estúpido es temer la felicidad.
Cuando estamos abajo, aunque no nos guste, sabemos que todo lo que venga será mejor. Justo al contrario de lo que ocurre cuando estamos arriba. En temas de satisfacción, nos gustan más las escaleras que los toboganes. Aceptar que el siguiente paso puede llevarnos a una zanja o a un escalón es la primera premisa para no quedarnos bloqueados y atrevernos a caminar. 

Si bien en la adversidad nos sentimos más desdichados, en la dicha nos sentimos más vulnerables. Como escribe Brené Brown, “es más fácil vivir en la decepción que sentirse decepcionado. Te sientes más vulnerable cuando entras y sales de la decepción que cuando tienes en ella tu campamento permanente. Sacrificas la dicha, pero sufres menos”. Lejos de disfrutar cuando todo va viento en popa -y a toda vela- , nos preocupamos por si deja de soplar y nos quedamos en medio de la mar. – Sigue leyendo –

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Héroes imperfectos

“En profesiones como la que yo tengo se palpa que todos los compañeros no han tenido vocación de esta profesión, de actores, sino de actores triunfantes. Pero actores triunfantes hay diez. Entonces vive uno constantemente rodeado de personas frustradas”.
Fernando Fernán Gómez.

Cuando somos niños, soñamos con hacer cosas extraordinarias. Imaginamos a lo grande y nos situamos allí. Todo nos parece posible y el presupuesto de nuestras pretensiones no escatima en gastos: no queremos ser un futbolista, queremos ser el que marca el gol de la final; no queremos ser un cantante de bar o el que crea corrillos en su Plaza Mayor, queremos ser el que llena los estadios.

Pasan los años y crecemos convencidos de que madurar es aprender ‘cómo son las cosas’, y damos con ello el primer paso hacia el conformismo al tiempo que cambiamos el subjuntivo infantil por el indicativo adulto. Del deseo a la ‘realidad’. ¡Quién querría ser una estrella… con lo que eso quema! – Sigue leyendo –

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