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Reflexiones en la categoría: Motivación

El manifiesto de los valientes

1.- Tiene miedo.
Un valiente no es un súper hombre, es un valiente. Por eso, teme como todos, tiembla como todos y llora como todos. La diferencia con los cobardes está en que cuando teme, no se refugia bajo una manta, sino que sale de la cama y busca auxilio en la acción. Un valiente no cree en amilanarse como receta que conduzca a ningún lado, él cree en crecer. No necesita hacerlo todo bien o desenvolverse a la perfección en cualquier situación, porque cree en el aprendizaje y porque sabe que cualquier miedo se hace pequeñito cuando tú te haces grande.

2.- No necesita la aprobación de los demás.
A la gente le gusta opinar, juzgar y proyectar su vida y experiencias en ti. Esto ha ocurrido siempre y siempre ocurrirá. Habrá muchos que llamen fantasía o locura a lo que para ti es pasión, porque las mentes pequeñas creen que sus límites son los tuyos, que el camino que ellos tomaron fue el mejor y que lo demás es desviarse. Un valiente aprende a no dar más valor a lo que otros piensan que a lo que él cree, y aunque esto conlleva grandes momentos de soledad, si hay un lema que guía su destino es que los sueños no se negocian. – Sigue leyendo –

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Yo aquí he venido a vivir

La felicidad no consiste en llenar nuestra
vida de años, sino los años de vida.
Jesús Sánchez Martos

Cuentan que cuando un antropólogo del Gobierno colonial belga llegó al Congo a principios del siglo XX y se encontró con una tribu de pigmeos, al ver en ellos unas personitas tan menudas, desnudas y alegres, les preguntó si se sentían hombres felices. Los pigmeos no supieron responder. La palabra felicidad no estaba en su vocabulario. No la necesitaban.

Pretender un consenso alrededor de la palabra felicidad es un imposible. Cada uno tiene su definición y ningún diccionario parece abarcarla. – Sigue leyendo –

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Un joven no se rinde

Si empiezas a conquistar Viena, conquista Viena.
Napoleón Bonaparte.

Si quieres que alguien no entre en un sitio, no pongas una señal de prohibido en la puerta, porque la curiosidad le hará llamar; pon una señal de callejón sin salida a 50 metros y se dará media vuelta.

Si hay algo que el hombre no soporta es la sensación de perder el tiempo. Aunque esta idea se maquilla de lógica, lo que en verdad provoca es la pérdida de los puntos más nobles. Los primeros 5 puntos de un examen se consiguen con más facilidad que los 5 últimos. Los 5 últimos requieren… ¡tiempo! Así es el camino a la excelencia.

En el cuadrilátero de la vida se pierden más combates por abandono que por KO. Tenemos un concepto equivocado de lo que significa pelear. Pelear no es usar todos nuestros tanques en un ataque, es aguantar toda la guerra; no es soltar nuestros mejores golpes, es no bajarse del ring; es caer y levantar, caer y levantar. Pensamos que luchar es comenzar con todas nuestras fuerzas: terminamos los estudios, mandamos CV’s a todos lados y creemos que ya lo hemos hecho todo; conocemos a una persona que nos gusta, sacamos nuestras mejores armas unas semanas y si vemos que no lo conseguimos, a por otra. “El mar está lleno de peces”, decimos. Cualquier cosa vale. Es justo ahí donde comienza el conformismo. – Sigue leyendo –

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Vive de forma que te duela marcharte

 El hombre vive, el animal existe/
El hombre muere, el animal termina.
VV.AA/Enrique Rojas

Cuando se calcula la esperanza de vida no se tienen en cuenta los momentos que vivimos a medio gas. De ser así, sería mucho más corta. Es la diferencia entre existir o vivir, entre hacer de la vida un viaje llevadero o hacer de la vida un viaje espectacular.

Ante cada decisión, tenemos dos formas de plantarnos en el presente: como rácanos o ratillas que juegan a no perder su botín o como aventureros que buscan un tesoro en cada isla; con defensa de cinco o con tres delanteros y ataque por las bandas. – Sigue leyendo –

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No seas tu plan B

Cuando alguien no se acaba dedicando a aquello que ama no se llama realismo, falta de recursos o imposibilidad: se llama conformismo.

Casi siempre la misma historia: niño con hambre de mundo y ambiciones se convierte en joven con sueño; joven motivado orienta sus primeros estudios a su sueño; joven menos joven termina estudios y envía CVs a empresas que colmarían sus aspiraciones; empresas en crisis o con muchas peticiones para un mismo puesto dicen no; joven desmotivado busca trabajo en lo que sea hasta que lo encuentra; joven empieza a ganar dinero y a comprarse cosas; joven olvida sueño. – Sigue leyendo –

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La vida como aventura

(Inconmensurable discurso de Antonio Banderas para recoger el premio Goya de honor. Éxito, esfuerzo, motivación, gratitud, pasión y humildad en cada frase. Inmejorable).

“Todo lo que tengo se lo debo a mi profesión, a la que preferiría denominar vocación. Pero, mucho más importante que esto, no es tanto lo que tengo sino lo que soy.

La vida como una aventura, o quizás como un juego. Siempre me ha gustado la palabra jugar, incluso para definir mi tarea como actor, director o productor. Esto debe servir para revelar la verdadera naturaleza de quien ahora les habla. Decía mi paisano más ilustre, Don Pablo Picasso, que “venía de lejos, pero era niño”. Pues eso, niño. Un chavea de Málaga.

Si desde esa butaca pudiese observar a ese otro yo llamado Antonio Banderas, premio en mano, habría que reconocer que el que está aquí subido no solo me pertenece a mí, sino a mucha gente: a todos esos que le fueron añadiendo trozos de vida, piezas de un puzle de distintos colores y formas; a todos esos ojos que me marcaron un camino, todas esas bocas que hablaron palabras sabias, esas almas que me acompañaron hasta donde hoy estoy, hasta este mismo escenario. Todos ellos soy yo y, de alguna manera, yo también soy ellos. Si miro hacia atrás, me veo viejo, pero si echo la vista hacia adelante, me siento muy joven. – Sigue leyendo –

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Héroes imperfectos

“En profesiones como la que yo tengo se palpa que todos los compañeros no han tenido vocación de esta profesión, de actores, sino de actores triunfantes. Pero actores triunfantes hay diez. Entonces vive uno constantemente rodeado de personas frustradas”.
Fernando Fernán Gómez.

Cuando somos niños, soñamos con hacer cosas extraordinarias. Imaginamos a lo grande y nos situamos allí. Todo nos parece posible y el presupuesto de nuestras pretensiones no escatima en gastos: no queremos ser un futbolista, queremos ser el que marca el gol de la final; no queremos ser un cantante de bar o el que crea corrillos en su Plaza Mayor, queremos ser el que llena los estadios.

Pasan los años y crecemos convencidos de que madurar es aprender ‘cómo son las cosas’, y damos con ello el primer paso hacia el conformismo al tiempo que cambiamos el subjuntivo infantil por el indicativo adulto. Del deseo a la ‘realidad’. ¡Quién querría ser una estrella… con lo que eso quema! – Sigue leyendo –

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La verdadera esencia de la motivación

La historia es sucesión, movimiento; el hombre, un “continuo deseando” -un homo volens- que pretendiendo actualizar su voluntad, crea el movimiento y con ello su historia.

Pensemos en una bici o en una peonza. En la primera, si no pedaleamos, caemos; en la segunda, si deja de girar, pierde su esencia. Necesitamos el movimiento para definirnos, y necesitamos una fuerza para movernos. Esa fuerza es el deseo.

Cuando esta fuerza no sucede, cuando nuestra capacidad de desear se ve mermada, caemos como la bici o la peonza, y esto es lo que ocurre con la depresión, el desánimo o la apatía, momento en que ni sabemos dónde ir, ni queremos estar donde estamos.

La vida no es nada en sí, sino lo que en ella ocurre. Hoy (a secas) no es nada, hoy es tu sonrisa por la mañana, nuestro café caliente, una reunión con los amigos o tus ganas de verle… ¡Que ocurran cosas! He ahí el secreto. He ahí la vida. Hay que crear movimiento, deseo.

En las últimas décadas ha surgido una fuerte corriente de estudio de las emociones positivas, (Psicología Positiva), que ha derivado en este boom de motivadores, expertos en desarrollo personal y coaching. Profesiones que, si son llevadas desde la honradez y el estudio, son tan necesarias como nobles. No es casualidad que surja en este momento, en el que las tasas de estrés y depresión son más altas que nunca en Occidente y donde el bienestar se halla en el punto de mira de todos. – Sigue leyendo –

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El porqué del por qué

Martin Luther King no dijo I have a plan, dijo I have a dream.
Simon Sinek.

El cómo es esa pregunta secundaria terciaria a la que uno debe responder en el camino a la consecución de su meta. Por delante, el qué y, sobre todo, el por qué.

Responder al cómo de una forma u otra puede hacernos ahorrar tiempo, dinero, medios, etc., pero nunca debe ser una pregunta cuya respuesta determine si se parte en busca de lo que se desea o si se rechaza.

La mayoría de abandonos no tiene que ver con la imposibilidad del objetivo, ni siquiera con la dificultad, sino con la ausencia real de una causa. Sin embargo, sigue siendo el cómo el principal bastón sobre el que se apoyan las excusas. Si el sueño es auténtico, la dificultad solo aspira a demorar la meta, pero nunca a derribarla.

Al final, como en la ciencia, todo movimiento depende de un cálculo entre diferentes fuerzas, y pocas capaces de frenar la fuerza de la ilusión.

Todo aquello que hagamos (qué) cobrará más fuerza si se apoya en una causa, en un por qué. Así, si la posibilidad lo permite, el cómo se resolverá más adelante del mismo modo que el agua llega al pie de la montaña ignorando su ruta cuando el hielo empieza a derretir. Y llega.

El por qué es la fuerza que sustenta el qué, la meta. Es el motivo sin el cuál el cómo no tiene sentido, pues sin sueños no se camina, se deambula.

Ponte en marcha, basta de excusas.

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