Twittea esta frase
Cambiar modo de resultados Cambiar modo de lectura

Reflexiones en la etiqueta: Emprender

Y tu vida… ¿de qué va?

Admiro a las personas que tienen una historia. No momentos, sino una historia.
Es importante que distingamos esto, pues una historia se compone de momentos, pero no todos los momentos hacen una historia. Estas personas me parece que tienen vidas fascinantes. Siempre están haciendo algo y siempre tienen algo que contar. Suelen hablar acelerados y los ojos les brillan como si sus retinas no fueran espejo de la luz de fuera sino ventana a la luz que hay dentro.

Y tu vida… ¿de qué va?

El ser humano está hecho para sobrevivir, no para ser feliz. Eso lo sabemos. Para lo primero estamos programados; para lo segundo hay que hacer un pequeño hackeo. Quien quiera entrar en el juego de la felicidad y aspirar a sus frutos, debe asumir ciertas responsabilidades no incluidas en el juego de sobrevivir. Una de ellas es la creación de sentido.

Lo que parece claro es que muy poca gente sabe de qué va su vida. ¿Cómo se llama tu película? ¿Cuál es tu causa? ¿Qué tiene en común todo lo que haces? ¿En torno a qué amor gira tu vida? Lo que haces, ¿suma para conseguir tu sueño? ¿Tienes un sueño?

– Sigue leyendo –

Sin una condición

“Para llevar a cabo grandes empresas hay que vivir
convencidos no de que somos longevos,
sino de que somos inmortales”.
Henry John Kaiser.

“Por grande que sea una presa, un mínimo agujero, por la presión hidráulica, la acaba rompiendo”, se dice. Incluso los altos sueños pueden venirse abajo si los volvemos condicionales. Por pequeña que sea, una condición puede ser grieta suficiente para que todo se rompa.

Uno de los errores de nuestra cultura es pensar que solo lo posible vale la pena. Hemos puesto la atención únicamente en lo realizable, lo tangible, lo real y lo medible, y hemos dejado a un lado el valor de lo inalcanzable, de las utopías, las ilusiones y los sueños. “La gente se enorgullece de tener los pies en la tierra, de ser realista y sensata, y se burla de aquellos que están en las nubes”, escribe Ken Robinson. Vivir a expensas de que algo tenga un final feliz sería como decir “no vivas, ¡que vas a morir!”. Creo que no importa tanto que la película acabe bien si el desarrollo es un tostón. (Yo no pago palomitas por cinco minutos de final, sino por dos horas de emoción). – Sigue leyendo –

Por qué no vas a lograr tener una gran carrera

“No importa las veces que te digan que si quieres una gran carrera profesional, debes perseguir tu pasión o tus sueños. Lo oyes una y otra vez y decides no hacerlo. Da igual cuántas veces te hayas descargado el discurso de graduación de Stanford de Steve Jobs, porque lo ves y decides no hacerlo. Siempre encuentras una excusa…”

Un joven no se rinde

Si empiezas a conquistar Viena, conquista Viena.
Napoleón Bonaparte.

Si quieres que alguien no entre en un sitio, no pongas una señal de prohibido en la puerta, porque la curiosidad le hará llamar; pon una señal de callejón sin salida a 50 metros y se dará media vuelta.

Si hay algo que el hombre no soporta es la sensación de perder el tiempo. Aunque esta idea se maquilla de lógica, lo que en verdad provoca es la pérdida de los puntos más nobles. Los primeros 5 puntos de un examen se consiguen con más facilidad que los 5 últimos. Los 5 últimos requieren… ¡tiempo! Así es el camino a la excelencia.

En el cuadrilátero de la vida se pierden más combates por abandono que por KO. Tenemos un concepto equivocado de lo que significa pelear. Pelear no es usar todos nuestros tanques en un ataque, es aguantar toda la guerra; no es soltar nuestros mejores golpes, es no bajarse del ring; es caer y levantar, caer y levantar. Pensamos que luchar es comenzar con todas nuestras fuerzas: terminamos los estudios, mandamos CV’s a todos lados y creemos que ya lo hemos hecho todo; conocemos a una persona que nos gusta, sacamos nuestras mejores armas unas semanas y si vemos que no lo conseguimos, a por otra. “El mar está lleno de peces”, decimos. Cualquier cosa vale. Es justo ahí donde comienza el conformismo. – Sigue leyendo –

La zona de inconfort

¿A quiénes de vosotros les gustan las sorpresas?
Mentira, solo os gustan las sorpresas que queréis.
A las demás les llamáis problemas.
Tony Robbins.

 Si yo fuera jefe de un ejército y esto fuera la Edad Media, si me encontrara con un castillo en lo alto de una montaña alejada, con foso, gruesas murallas y rodeado de guardianes, no huiría pensando “vaya rey tan poderoso”, daría orden de atacar diciendo “vaya un monarca tan acojonado”.

Tendemos a pensar que a más candados, más seguridad, y construimos nuestra vida en un espacio cerrado y bajo llave. Sin embargo, el ideal de seguridad es la ausencia de cerrojos. En lugar de trabajar por tener un buen sistema de seguridad, control y alarmas, quizás sería mejor hacerlo para lograr una vida de puertas abiertas que permita entrar las sorpresas. ¿Y si las cosas más bonitas aún no las hemos visto?

Es un error pensar que somos obras concluidas. Hacerlo es el principio del conformismo y de una existencia apagada: “yo es que soy así”, dirán. Cada vez sospecho más de aquellos que parecen muy seguros y cada vez admiro más a aquellos que saben decir sin esconderse “pues oye, no lo sé”. La seguridad es el traje favorito de la ignorancia. Aquel que apenas se sorprende y dice “es que yo he visto mucho”, en realidad lo que ha visto es poco. El mundo es demasiado grande para perder la capacidad de asombro. – Sigue leyendo –

Disfruta del vértigo

En la sociedad del vértigo, en vez de enseñarnos a disfrutar del camino, nos educan en las prisas por llegar. Alguien debería recordarnos que caer en picado ocurre, que lo contrario de fracasar es no haberlo intentado y que el destino no es a donde vas, sino a donde llegas. Intentarlo es fácil, eso podemos hacerlo todos; conseguirlo ya no lo es tanto. Por el camino se quedaron los que pensaron que vértigo es sinónimo de miedo.

Hay que sentir vértigo, del bueno, del que seduce, porque sentir vértigo no es asomarse a la incertidumbre y temer la caída: es experimentar atracción por la profundidad que se abre ante nosotros; es ser conscientes de que caer es posible. Porque el vértigo no es mirar hacia abajo y plantearte el fracaso, es levantar la cabeza y preguntarte cómo narices vas a subir tan alto, pero sabiendo que al llegar habrá valido la pena. – Sigue leyendo –

¿Por qué nos cuesta tanto conseguir lo que queremos?

A menudo nos quejamos de lo mal que van las cosas a nuestro alrededor, pero no nos paramos a pensar en la multitud de pequeñas casualidades que nos han traído hasta aquí ni cómo, incluso antes de nuestra concepción, tuvieron que darse muchas situaciones que hicieron de nuestro nacimiento algo mágico.

Desahogarse no está mal e incluso puede ser necesario, pero la queja continua termina siendo la excusa perfecta para no hacer nada. Si estás en este punto, siento decirte una cosa: aunque te parezca una putada, puedes elegir la vida que deseas. Y no solo tienes la oportunidad, sino la responsabilidad de hacerlo.

Entonces, ¿qué es lo que hace que nos cueste tanto conseguir lo que queremos? – Sigue leyendo –

Tu mejor CV es tu personalidad

Que nos pregunten ‘qué quieres ser de mayor’ y respondamos con una profesión dice mucho acerca de en qué nos hemos convertido. No se trata de una pregunta sobreentendida, sino de una sutil creencia de que somos lo que producimos.

Disponer de títulos académicos suele ser una decisión acertada y, en ocasiones, imprescindible. No obstante,  lo que realmente va a marcar la diferencia es tu forma de ser. Viajar, leer, escuchar, visitar centros culturales, conciertos, abrirse al amor, compartir con los amigos o ayudar a los demás puede resultar más enriquecedor que cualquier diploma y, sin embargo, es menos tenido en cuenta. Hay quien podría argumentar que todo  eso no es prioridad si buscas un trabajo –pues no se escribe  en el currículum-, pero la cara y los ojos no engañan: ya sea en un trabajo o en un bar, a las grandes personas todo el mundo las quiere cerca, – Sigue leyendo –

Vive de forma que te duela marcharte

 El hombre vive, el animal existe/
El hombre muere, el animal termina.
VV.AA/Enrique Rojas

Cuando se calcula la esperanza de vida no se tienen en cuenta los momentos que vivimos a medio gas. De ser así, sería mucho más corta. Es la diferencia entre existir o vivir, entre hacer de la vida un viaje llevadero o hacer de la vida un viaje espectacular.

Ante cada decisión, tenemos dos formas de plantarnos en el presente: como rácanos o ratillas que juegan a no perder su botín o como aventureros que buscan un tesoro en cada isla; con defensa de cinco o con tres delanteros y ataque por las bandas. – Sigue leyendo –

No seas tu plan B

Cuando alguien no se acaba dedicando a aquello que ama no se llama realismo, falta de recursos o imposibilidad: se llama conformismo.

Casi siempre la misma historia: niño con hambre de mundo y ambiciones se convierte en joven con sueño; joven motivado orienta sus primeros estudios a su sueño; joven menos joven termina estudios y envía CVs a empresas que colmarían sus aspiraciones; empresas en crisis o con muchas peticiones para un mismo puesto dicen no; joven desmotivado busca trabajo en lo que sea hasta que lo encuentra; joven empieza a ganar dinero y a comprarse cosas; joven olvida sueño. – Sigue leyendo –

Artículos Anteriores