Pase lo que pase, antes de saltar, no mires abajo, ¿entendido?

Pase lo que pase.

En esa frase pasan muchas cosas. Pasa que las cosas pueden pasar. Pasa que se necesita un asterisco con tipografía 8 al final de página, que contemple las cláusulas de quien la dice. La famosa frase se ha convertido en nuestra navaja multiusos; la cuestión es que hay veces que se oxida. De no usarla o de usarla demasiado. Y en lugar de una cama de algodón que amortiza, se convierte en una señal luminosa con forma de exclamación que alerta. Por eso ahora, cada vez que escucho “pase lo que pase”, siento ganas de darle al enlace de “leer más”. Ya decidiré entonces si me fío o no. Cuando sepa si incluye “todo” o “casi todo”. O “casi nada”.

Y si te atreves a creerlo a la primera de cambio, te arriesgas. Como quien se arriesga a meterse en una piscina si no sabe nadar. Como quien da todo por los demás confiando en que le devolverán lo mismo. Como quien salta en paracaídas. Como quien se gasta sus ahorros en comprarse lo que quiere en lugar de lo que necesita. Si te atreves a creerte la frase te arriesgas.

Si te atreves a creerlo a la primera de cambio, te arriesgas.

Te arriesgas a tragar agua y que te salga por la nariz, a que no te den ni la mitad de lo que tú das, a que no se abra el paracaídas o a seguir necesitando lo que no te has comprado.

Pero… aprendes a que tienes que mover también las piernas. A focalizarte solo en aquellos que se lo merecen. Y no en los que no. A darle al botón para que se abra el paracaídas y puedas sentir la adrenalina en las venas. Aprendes a ser feliz porque tienes lo que siempre has querido aunque tengas que volver a ahorrar… otra vez.

Y eso, al final, es lo que importa.

Así que trata de leer el asterisco antes de firmar, siempre. Pero si te vuelves a equivocar, haz caso a Pepe Colubi, y disfruta de la caída. Porque quizás la vida sea “un trampolín más desde el que debes saltar sin saber dónde caerás. A lo mejor la vida es eso: continuos saltos al vacío”.

Escrito por Sara.
Visita su blog: Nada de blablás
y en Twitter
Foto: Mari Carmen Sánchez