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Reflexiones en la categoría: Motivación

Héroes imperfectos

“En profesiones como la que yo tengo se palpa que todos los compañeros no han tenido vocación de esta profesión, de actores, sino de actores triunfantes. Pero actores triunfantes hay diez. Entonces vive uno constantemente rodeado de personas frustradas”.
Fernando Fernán Gómez.

Cuando somos niños, soñamos con hacer cosas extraordinarias. Imaginamos a lo grande y nos situamos allí. Todo nos parece posible y el presupuesto de nuestras pretensiones no escatima en gastos: no queremos ser un futbolista, queremos ser el que marca el gol de la final; no queremos ser un cantante de bar o el que crea corrillos en su Plaza Mayor, queremos ser el que llena los estadios.

Pasan los años y crecemos convencidos de que madurar es aprender ‘cómo son las cosas’, y damos con ello el primer paso hacia el conformismo al tiempo que cambiamos el subjuntivo infantil por el indicativo adulto. Del deseo a la ‘realidad’. ¡Quién querría ser una estrella… con lo que eso quema! – Sigue leyendo –

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La verdadera esencia de la motivación

La historia es sucesión, movimiento; el hombre, un “continuo deseando” -un homo volens- que pretendiendo actualizar su voluntad, crea el movimiento y con ello su historia.

Pensemos en una bici o en una peonza. En la primera, si no pedaleamos, caemos; en la segunda, si deja de girar, pierde su esencia. Necesitamos el movimiento para definirnos, y necesitamos una fuerza para movernos. Esa fuerza es el deseo.

Cuando esta fuerza no sucede, cuando nuestra capacidad de desear se ve mermada, caemos como la bici o la peonza, y esto es lo que ocurre con la depresión, el desánimo o la apatía, momento en que ni sabemos dónde ir, ni queremos estar donde estamos.

La vida no es nada en sí, sino lo que en ella ocurre. Hoy (a secas) no es nada, hoy es tu sonrisa por la mañana, nuestro café caliente, una reunión con los amigos o tus ganas de verle… ¡Que ocurran cosas! He ahí el secreto. He ahí la vida. Hay que crear movimiento, deseo.

En las últimas décadas ha surgido una fuerte corriente de estudio de las emociones positivas, (Psicología Positiva), que ha derivado en este boom de motivadores, expertos en desarrollo personal y coaching. Profesiones que, si son llevadas desde la honradez y el estudio, son tan necesarias como nobles. No es casualidad que surja en este momento, en el que las tasas de estrés y depresión son más altas que nunca en Occidente y donde el bienestar se halla en el punto de mira de todos. – Sigue leyendo –

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El porqué del por qué

Martin Luther King no dijo I have a plan, dijo I have a dream.
Simon Sinek.

El cómo es esa pregunta secundaria terciaria a la que uno debe responder en el camino a la consecución de su meta. Por delante, el qué y, sobre todo, el por qué.

Responder al cómo de una forma u otra puede hacernos ahorrar tiempo, dinero, medios, etc., pero nunca debe ser una pregunta cuya respuesta determine si se parte en busca de lo que se desea o si se rechaza.

La mayoría de abandonos no tiene que ver con la imposibilidad del objetivo, ni siquiera con la dificultad, sino con la ausencia real de una causa. Sin embargo, sigue siendo el cómo el principal bastón sobre el que se apoyan las excusas. Si el sueño es auténtico, la dificultad solo aspira a demorar la meta, pero nunca a derribarla.

Al final, como en la ciencia, todo movimiento depende de un cálculo entre diferentes fuerzas, y pocas capaces de frenar la fuerza de la ilusión.

Todo aquello que hagamos (qué) cobrará más fuerza si se apoya en una causa, en un por qué. Así, si la posibilidad lo permite, el cómo se resolverá más adelante del mismo modo que el agua llega al pie de la montaña ignorando su ruta cuando el hielo empieza a derretir. Y llega.

El por qué es la fuerza que sustenta el qué, la meta. Es el motivo sin el cuál el cómo no tiene sentido, pues sin sueños no se camina, se deambula.

Ponte en marcha, basta de excusas.

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No te pongas metas

No te pongas metas, establece una dirección o, mejor, un sentido.

No te pongas metas, define tu causa. La meta es un fin; la causa, eterna.
Recuerda la Física: de toda fuerza deriva una dirección y un sentido; a toda fuerza le sigue un inercia. Si llegas a la meta, si te detienes, significa que acabó tu fuerza.

No uses un mapa, usa una brújula. No persigas una ‘X’ marcada en el valle, sigue una flecha que traspase las montañas.
Fija tu Norte y dirígete a él. Esto no quiere decir que un día vayas a llegar al lugar donde digas “este es el Norte” (hasta las brújulas se vuelven locas si así ocurre), no existen las garantías. Es como la línea del horizonte, inalcanzable, o como una cinta de correr, imparable.
Solo corre dirección a tu Norte y, aunque nunca lo alcances, sí que podrás medir la distancia que te separa del Sur del que partiste y esa, amigo, será tu proeza.

No quieras ser alguien concreto, no te limites. Acepta el maravilloso reto de descubrir quién puedes llegar a ser.

No te pongas metas, porque puede que llegues. Llegar es bueno, claro que sí, pero si trabajas con un sentido es posible que lo superes, y eso es excelente.

No te pongas metas, porque la felicidad está en el camino. Pon bajo tus pies una cinta de correr o mira siempre al frente, pues nadie avanza más que quien con cabeza alta persigue el horizonte.

No quieras ver si llegas a ser lo que te propusiste. Eso, además de limitarte, angustia. Esfuérzate, dalo todo. No quieras ser alguien concreto, no te limites. Acepta el maravilloso reto de descubrir quién puedes llegar a ser.

El sentido de la vida es vivir con sentido. Perderlo, morir.

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Disfraces sin Carnaval

Hay tres tipos de persona: los que se preguntan qué sobra, los que se preguntan qué hay y los que se preguntan qué falta. Los primeros se quejan, los segundos se dejan llevar y los terceros actúan.

La vida pone máscaras a unos mientras otros se esconden muy bien. En semejante Carnaval, malo parece dar la cara. ¡Pobre del que llega a Venecia sin disfraz! (Si es que le dejan entrar).

Buscando cada cual su propio placer,  pronto olvida uno quién es y difícil se recuerda quién es uno. Con tanto lío de identidad, es frecuente encontrar a los que se quejan pensando que son de los que actúan (“lo que falta es que desaparezca lo que sobra”, dirán), así como gente que parece que no actúa porque apenas se avanza (“lo que sobra es que echemos tanto en falta”, responden).

En medio del banquete, gesticulando con los brazos, se ve a otro grupo. El grupo del ‘hay-que’. “Hay que tal, hay que cuál…”, bien conocidos por todos. Estos están tan cerca de los primeros como de los segundos, pues si los unos restan, los otros no suman y, ya se sabe, desanimar y no animar no andan demasiado lejos.

Por fortuna, no hay Venecia sin canal ni canal sin gondolero. Suerte tiene este de que su barca no navegue con remos o, entre los que no reman, los que lo hacen para el otro lado y el peso de ambos, no llegaría a ningún lado.

Él sigue y seguirá, es su causa, pero para sus adentros siempre anhelará el día en que todos coincidan en dirección, ganas y sentido. 

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La excepción que no tiene la regla

Destacar está penalizado. ¿Quién se anima a mirar más allá cuando aprendemos que asomar la cabeza es la forma más posible de que nos la corten? ¿Quién quiere ser la excepción cuando ya se hizo la regla?

Existe una fuerza natural que nos empuja a permanecer compactos y homogéneos. Somos ese puzle social donde la irregularidad da lugar a vacíos, donde es más sencillo encajar una pieza ‘regular’ que una de lado ‘sobresaliente’. Paradójicamente, es en la facilidad y no en la dificultad donde este juego rompe-cabezas… Cabezas llenas de sueños, talento y potencial.
Pero a fin de cuentas, si en un puzle todas las piezas fueran iguales, no habría dibujo que valiera la pena. – Sigue leyendo –

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Hoy prefiero salir a ganar

“Hoy prefiero salir a ganar a quitarme de en medio”, decía el gran Quique González en uno de sus temas. Es un canto al carisma, al esfuerzo y a las ganas de comerse el mundo; una canción que sin duda recomiendo y a la que solo el título mejora: De tanto que lo intenté.

Debemos aprender a ganar, a ganar de verdad. Para ello tenemos que entender bien qué significa, ya que estamos contaminados por un entorno competitivo que ha sometido el término a una mera cuenta de resultados.

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El nuevo paradigma laboral

A rey muerto, rey puesto. Lo mismo ocurre con los paradigmas en la historia, no existe un vacío temporal.
Aunque nos resulte complicado, debemos hacer un esfuerzo de fe para comprender que una crisis no es nuestra perdición, sino un cambio de dirección al que otorgar nuevo sentido.

La pérdida de garantías de un empleo tan seguro como dependiente nos abre como nunca las puertas a un modelo de emprendimiento en el que apostar por nuestra pasión. Es el momento de reinventarnos, de apostar por nosotros, de no vender nuestro tiempo y de no tirar nuestra vida por la borda.

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