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Reflexiones en la categoría: Colaboraciones

Deja de ser fuerte

En los periodos de adversidad debes hacerte agricultor, o al menos, adoptar su mente. Para el agricultor solo hay dos estaciones, la de tormenta y la de buen tiempo, y su función es sacar el máximo provecho de cada una de ellas.
Anxo Pérez.

De pequeña a mí también me dijeron que tenía que ser fuerte. Nada de ser ñoña o quejarme: “Prohibido expresar emociones que incomoden”.

Deduzco que nos lo debieron de decir a la mayoría porque lo escucho como frase recurrente en pacientes y amigos: “tengo que ser más fuerte”, “antes estas cosas no me afectaban tanto, era más fuerte”, “siempre he sido muy fuerte”, “mi madre es fuerte, ahora no sé qué le pasa”…

Antes lo consideraba “normal”, ahora, sin embargo, cada vez siento más tristeza y rabia al escucharlo. ¿Qué se supone que es “ser fuerte”? ¿no sentir? ¿aguantar lo inaguantable? ¿fingir entereza mientras nos hacemos cachitos por dentro? – Sigue leyendo –

Yo quiero un amor vintage

“Me imagino en un futuro a la gente hablando del amor como se habla ahora de las cosas con hombreras. “¿Te acordás cuando todavía se usaba el amor? ¡Qué horror! Yo lo usé un par de años, no quiero ni ver fotos de esa época.” Todo pasa tan rápido que ni nos damos cuenta. El amor tarde o temprano también pasará de moda. Lamentablemente… siempre me gustó lo vintage.” 

Como si de una carta a Los Reyes se tratara, pedimos un amor que nos cuide, nos mime, sea bueno, nos proteja…. ¡Ah, y que tenga detalles! Y cuando esa persona aparece en nuestra vida, paradójicamente, no la valoramos porque nos cuida demasiado, nos mima demasiado, nos protege demasiado, es demasiado buena y tiene demasiados detalles. Demasiado para ser real. 

Y es en este punto, en el que tras hacer una larga lista de cualidades y virtudes maravillosas de esa persona, acabamos por pronunciar el famoso ‘… pero te quiero como amigo’. El primo hermano del ‘No eres tú, soy yo’ a veces me lleva a pensar que, en el fondo, parece que nos gusta lo complicado y difícil (y los raritos, los bordes, los malotes, los aparentemente especiales y un largo etc), porque pareciera que así merece más la pena. ¿Qué hay de malo en la sencillez de una persona que nos cuida el corazón con ese cariño? ¿Qué es lo que falla? – Sigue leyendo –

Empatía: el hilo invisible que une dos corazones

La forma más básica de conectar con otra persona es escucharla. Simplemente escucharla. Quizá lo más importante que podemos dar a otra persona en la vida sea nuestra atención. Y especialmente, si la damos desde el corazón. Cuando las personas hablan, no es necesario que hagamos nada, simplemente recibirlas.

(Rachel N. R.)

De entre todas las formas de conexión entre las personas, la empatía es, sin lugar a dudas, una de las más especiales. Existen muchas definiciones de empatía, sin embargo, no es necesario buscar en la letra ‘E’ del diccionario para conocer el significado real de este concepto. Todos en algún momento de nuestra vida hemos sentido esa caricia en el corazón. Y ese momento, deja huella en nuestra memoria emocional para siempre.

Es frecuente hablar de empatía con la misma facilidad con la que se dice un ‘Te entiendo’. Sin embargo, la empatía no es un ‘te entiendo’ vacío de comprensión, ni tampoco significa dar consejos o explicar ‘qué haría yo en tu lugar’. La empatía no entiende de añadir frases hechas, sino de hacer que sobren las palabras. Supone acariciar el corazón del otro, acompañarle en su sentimiento y mirar más allá de lo que persona nos dice. Porque empatía no es ponerse en el lugar del otro, sino a su lado. Es un hilo invisible que une dos corazones a través de la comprensión, la escucha y la aceptación incondicional. – Sigue leyendo –

Amor de ‘andar por casa’

Tú y yo podríamos ser cualquiera,
Pero qué suerte tenemos de ser tú y yo.
Sara Búho

Existen muchas formas de nombrar al amor, sin embargo, lo que de verdad acerca a dos personas que se quieren, son los pasos que dan hacia adelante con autenticidad, mirándose a los ojos. Un amor sencillo, despeinado y auténtico: un amor de andar por casa.

Un amor al que uno regresa cada día como quien vuelve a su hogar, donde sentirse cómodo no signifique acomodarse. Porque un amor de andar por casa te invita a ponerte las zapatillas pero también a remangarte como aquel que tiene delante de sí mismo el reto más bonito de su vida. El más grande. – Sigue leyendo –

El día que me enamoré de mí

Tantas veces he tenido miedo de mirarme al espejo…
Me desconocía por completo, como si fuese otra persona la que me estaba mirando.

Nacemos sin consciencia plena de nosotros mismos. Poco a poco, vamos conociendo nuestro cuerpo, nuestras formas, hasta formar una imagen del YO. Pero luego ocurre algo que nos hace separarnos, rechazarnos, juzgarnos. Nos alejamos de nosotros mismos. Huimos y nos desconectamos sin saber muy bien quién es esa persona que está dentro escondida y enredada en recuerdos. A veces siente, sólo a veces, pero la mayor parte del tiempo se conforma. Es lo que ha aprendido; es lo que le hemos enseñado.

Aprendió que por sí misma no era merecedora de amor y que tenía que hacer algo por conseguirlo: “en la vida todo es a cambio de algo”. Aprendió que era necesario sacrificar y entregar algo suyo (a veces grande e intangible como el tiempo y el espacio) para poder sentir que merecía algo sin sentirse culpable. Culpa… esa palabra que nos acompaña tanto.

Le hemos enseñado a justificarse, ¡siempre justificarse!; a tener que darse explicaciones a sí mismo para sentir que no lo estaba haciendo mal. – Sigue leyendo –

Las personas hogar

‘Imagina la vida como si fuera un pilla-pilla
contra los rivales del otro equipo del colegio.
Pues ella… es casa’.
Elvira Sastre. 

Entre todos los rincones del mundo, siempre hay unos favoritos. No importa cuánto te muevas, cuánto viajes o dónde estés, nunca es mal momento para regresar. Sabes bien cuáles son: ‘tus personas hogar’.

Las personas hogar huelen a amor y aceptación incondicional. Huelen a cariño, a abrazos largos donde se te cierran los ojos y se esboza una sonrisa. Estas personas huelen a amistad, amor y familia elegida. Huelen a ‘estoy a tu lado así tengamos que apretar los dientes’ y confían en ti incluso cuando tú mismo has dejado de hacerlo. Son aquellas personas que no te evitan el vértigo ni la caída, sino que te ofrecen las palabras exactas que solo puede regalarte alguien que se cosió las heridas a aprendizajes. Ellas reparan con tanta delicadeza que eso de que ‘el tiempo todo lo cura’ carece de sentido cuando has probado a dejarte soplar sobre las heridas por estas personas. Las personas hogar están siempre dos pasitos detrás de ti por si te caes, para sacudirte el polvo de las rodillas con amor y comprensión. – Sigue leyendo –

¡Báilate la vida!

Desmaquilla esta vida “tuneada” y muéstrale quién hay detrás.

Exprime tus emociones, llévalas hasta el final. Atrévete a saltarte las normas, aunque sólo sea por una vez en tu vida. Siente esa adrenalina que secuestra tu conciencia y te permite hacer lo que “no se debe”. Vuelve a evocar recuerdos dormidos que te hicieron temblar, sacude las nubes de tus secretos y déjalos volar. – Sigue leyendo –

Disfruta del vértigo

En la sociedad del vértigo, en vez de enseñarnos a disfrutar del camino, nos educan en las prisas por llegar. Alguien debería recordarnos que caer en picado ocurre, que lo contrario de fracasar es no haberlo intentado y que el destino no es a donde vas, sino a donde llegas. Intentarlo es fácil, eso podemos hacerlo todos; conseguirlo ya no lo es tanto. Por el camino se quedaron los que pensaron que vértigo es sinónimo de miedo.

Hay que sentir vértigo, del bueno, del que seduce, porque sentir vértigo no es asomarse a la incertidumbre y temer la caída: es experimentar atracción por la profundidad que se abre ante nosotros; es ser conscientes de que caer es posible. Porque el vértigo no es mirar hacia abajo y plantearte el fracaso, es levantar la cabeza y preguntarte cómo narices vas a subir tan alto, pero sabiendo que al llegar habrá valido la pena. – Sigue leyendo –

¿Por qué nos cuesta tanto conseguir lo que queremos?

A menudo nos quejamos de lo mal que van las cosas a nuestro alrededor, pero no nos paramos a pensar en la multitud de pequeñas casualidades que nos han traído hasta aquí ni cómo, incluso antes de nuestra concepción, tuvieron que darse muchas situaciones que hicieron de nuestro nacimiento algo mágico.

Desahogarse no está mal e incluso puede ser necesario, pero la queja continua termina siendo la excusa perfecta para no hacer nada. Si estás en este punto, siento decirte una cosa: aunque te parezca una putada, puedes elegir la vida que deseas. Y no solo tienes la oportunidad, sino la responsabilidad de hacerlo.

Entonces, ¿qué es lo que hace que nos cueste tanto conseguir lo que queremos? – Sigue leyendo –

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