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Reflexiones en la categoría: Amor

Déjate sorprender

“Pensaba follarte y luego pasar directamente a otra,
pero no ocurrió así”.
Desmontando a Harry (Woody Allen.)

Los grandes regalos no suelen tener hueco en nuestra casa. Tenerlo supondría haber estado viviendo con un gran vacío mientras llega. Es por esto que muchas veces rompen y obligan a reorganizarlo todo. Y es por eso que mucha gente los desecha, porque aceptarlo supondría un fuerte cambio de planes.

Las personas más especiales no van a aparecer en tu vida en una mañana soleada en la que todo está perfecto, quizás lo hagan en mitad de una noche de lluvia. Nunca es el momento perfecto para la tormenta perfecta. Nada es más difícil de encajar que dos vidas.

La salsa de la vida no son los sueños, ni las metas. Ni siquiera sus logros. La salsa de la vida son las sorpresas. Aunque parezca mentira, hay quien tiene sobre la mesa un regalo envuelto y no lo abre. “¿Para qué?… si no necesito nada”, “tendré que devolverlo…”, “no lo merezco”, etc. Pero los regalos no se merecen, se dan, se reciben y se abren… pero no se merecen. Muchas veces, de hecho, los regalos son injustos y caen en manos de quien solo merece carbón, pero precisamente por eso son regalos, porque son una nueva oportunidad para darle a nuestra vida un rumbo diferente. – Sigue leyendo –

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Las personas hogar

‘Imagina la vida como si fuera un pilla-pilla
contra los rivales del otro equipo del colegio.
Pues ella… es casa’.
Elvira Sastre. 

Entre todos los rincones del mundo, siempre hay unos favoritos. No importa cuánto te muevas, cuánto viajes o dónde estés, nunca es mal momento para regresar. Sabes bien cuáles son: ‘tus personas hogar’.

Las personas hogar huelen a amor y aceptación incondicional. Huelen a cariño, a abrazos largos donde se te cierran los ojos y se esboza una sonrisa. Estas personas huelen a amistad, amor y familia elegida. Huelen a ‘estoy a tu lado así tengamos que apretar los dientes’ y confían en ti incluso cuando tú mismo has dejado de hacerlo. Son aquellas personas que no te evitan el vértigo ni la caída, sino que te ofrecen las palabras exactas que solo puede regalarte alguien que se cosió las heridas a aprendizajes. Ellas reparan con tanta delicadeza que eso de que ‘el tiempo todo lo cura’ carece de sentido cuando has probado a dejarte soplar sobre las heridas por estas personas. Las personas hogar están siempre dos pasitos detrás de ti por si te caes, para sacudirte el polvo de las rodillas con amor y comprensión. – Sigue leyendo –

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Cabeza, corazón y tripa

 “Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio.
Contigo porque me matas, y sin ti porque me muero”.
Antonio Machado.

Existen tres formas de querer: con la cabeza, con el corazón y con la tripa. En la cabeza, querer se llama preferir; en el corazón, amar; y en la tripa, desear. O quieres con las tres, o estás destinado al caos.

El amor es un juego de equipo. De equipo con la otra persona y de equipo contigo mismo. O mejor, es un juego de equilibrio(s). Aunque parezca mentira, uno puede querer tener algo a largo plazo con una persona, enamorarse de otra y querer acostarse con otra. Piensa en una mudanza en la que cada uno da una orden diferente de cómo colocar o montar el mueble. ¿A quién obedeces? El desastre y la discusión están asegurados. Una apuesta de éxito necesita unanimidad. Solo cuando cabeza, corazón y tripa se alinean, la persona elegida es deseada y el amor disfrutado. Ni basta con desear, ni es suficiente con preferir, ni vale con amar. – Sigue leyendo –

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No me ligues, conquístame

Ahora que gusta mucho decir eso de “todos somos iguales” o “todos somos especiales” o “nada es mejor que nada”, yo digo no. Hay personas y personas.
Hay personas y personas porque hay elecciones y elecciones. Valga el destacado para diferenciar a esas personas en negrita de las, digamos, regulares; esas que, aunque sea en un rápido y diagonal golpe de vista, se te quedan retenidas en la memoria. Ser una persona subrayada se elige.

Siempre he creído que en la vida hay un listón, y que están los que pasan por debajo como en el limbo y los que pasan por encima haciendo un salto de altura.
En el amor, como en todo, hay primeras y segundas divisiones. Creo que nadie debería pasar de puntillas por el mundo cuando puede pisar fuerte. Allá cada uno. Y tú, ¿juegas en primera o en segunda? ¿Ligas o conquistas? – Sigue leyendo –

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Sal con un valiente

No existe hombre tan cobarde como para que
el amor no pueda hacerlo valiente y transformarlo en héroe.
Platón

El mensaje es claro: sal con un valiente[1]. Esto no quiere decir que intentes, a ser posible, salir con un valiente, no. Quiere decir que salgas con un valiente. Con un valiente o nada.

Nadie debería enamorarse de alguien que, tras el tiempo suficiente, no sea capaz de decirte: “Mi apuesta eres tú”. All in. Todo el mundo merece escuchar, al menos, un “¿Sabes qué? Me la juego contigo”. – Sigue leyendo –

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No tengas nada, experiméntalo todo

– No sabía que el señor Kane coleccionara diamantes.
– No, colecciona a una persona que colecciona diamantes.
Ciudadano Kane.

De todos los miedos que existen, el más estúpido es temer la felicidad.
Cuando estamos abajo, aunque no nos guste, sabemos que todo lo que venga será mejor. Justo al contrario de lo que ocurre cuando estamos arriba. En temas de satisfacción, nos gustan más las escaleras que los toboganes. Aceptar que el siguiente paso puede llevarnos a una zanja o a un escalón es la primera premisa para no quedarnos bloqueados y atrevernos a caminar. 

Si bien en la adversidad nos sentimos más desdichados, en la dicha nos sentimos más vulnerables. Como escribe Brené Brown, “es más fácil vivir en la decepción que sentirse decepcionado. Te sientes más vulnerable cuando entras y sales de la decepción que cuando tienes en ella tu campamento permanente. Sacrificas la dicha, pero sufres menos”. Lejos de disfrutar cuando todo va viento en popa -y a toda vela- , nos preocupamos por si deja de soplar y nos quedamos en medio de la mar. – Sigue leyendo –

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Siente más, piensa menos. Es amor.

Pensar está sobrevalorado. Frente a lo que comúnmente se ha dicho, hoy sabemos que el ser humano es un ser más emocional que racional. Emoción y razón no son enemigos, ni lo uno mejor que lo otro. Simplemente, son funciones diferentes para situaciones diferentes.

El uso de la razón, tan útil en unas ocasiones, deviene en traba en otras. El pensamiento es útil para releer el pasado o para operar con el futuro, pero supone un distanciamiento del tiempo presente, el único en que siempre acontece todo cuanto hay.

En una historia de amor, por supuesto que no se pueden desechar ciertos aspectos racionales (fijar el proyecto, determinar si la persona de nuestro lado es adecuada, etc.). No obstante, son los sentimientos y las emociones las que nos van a llevar a disfrutar. Una relación, si es sana, esta para disfrutarla, para crecer y construir.

La duda (me quiere, no me quiere) hace que no disfrutemos en plenitud, que no saquemos lo mejor de nosotros y de la persona a nuestro lado. Si no cuidamos esto, de forma contraria a nuestro deseo, podemos amar con intensidad, pero con un miedo que nos conduzca a lo último que queremos: el fin de la relación. A veces queremos tanto que ahogamos a la persona amada en un abrazo.

Piensa menos, siente más.

Bueno es dejar la cabeza a veces a un lado y vivir con el corazón.

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